
He escrito antes sobre cómo las presentaciones están hechas de dos ingredientes: lo que hay en tus diapositivas y lo que sale de tu boca.
Cuando escribes tus diapositivas, puedes crearlas de manera que te ayuden a recordar qué decir con tu boca. Cada diapositiva desencadena una pequeña historia en tu cabeza, que ya conoces de memoria sin tener que aprenderla.
La mejor manera de hacer este truco de magia es intentar crear diapositivas a las que puedas señalar fácilmente (literalmente, con el dedo) y decir: “Esto es…”
De esa manera, cada diapositiva se convierte en una mini-historia que cuentas dentro del marco de tu presentación más amplia. La diapositiva es algo principalmente visual: una imagen, un gráfico, una captura de pantalla, una cita, lo que sea, que cumple dos funciones simultáneamente:
Mantén esto en mente al armar las diapositivas. ¿Qué “Esto es…” podrías decir para cada una?
…y así sucesivamente. Las diapositivas de “Esto es…” son útiles para tu audiencia, porque ilustran la historia que estás contando. Y son útiles para ti, porque funcionan como recordatorios. No necesitas notas del presentador si tienes diapositivas que te recuerdan qué decir.
Giles Turnbull - 12 de febrero de 2022
Traducción al castellano por Julián Rodríguez Orihuela - Ver original