Estaba leyendo Happiness By Design de Paul Dolan cuando me encontré con una sección sobre la multitarea. El señor Dolan explica que pasar de una tarea a otra genera una forma de fricción cognitiva y que debe evitarse siempre que sea posible. Para maximizar el placer y el propósito, deberías concentrarte en una sola tarea a la vez. Luego dice lo siguiente sobre las presentaciones con diapositivas:
“La multitarea requiere esfuerzo y no vale la pena. Nunca uso diapositivas en mis clases por esta razón: los estudiantes no desperdician su capacidad de atención alternando entre las diapositivas y mi voz.”
Esto es interesante.
Claramente creo que el señor Dolan se equivoca respecto al uso de diapositivas; a mí me resultan útiles, pero coincidimos en algo más importante: hay que tener en cuenta la atención del público.
Sospecho, por ejemplo, que el señor Dolan no diría que las películas o los programas de televisión imponen una carga cognitiva tan alta como para dejar de ser placenteros o tener un propósito. Seguramente no proponga que escuchemos radioteatros en su lugar y luego pasemos media hora mirando fotos del elenco. Sería absurdo. Eso es porque consideramos que ver una película es hacer una sola cosa, una actividad única, no 90 minutos de multitarea. Y la tratamos como una sola cosa porque está diseñada de esa forma. El cineasta dirige y diseña conscientemente tu atención para que no se sienta como un esfuerzo cognitivo mirar las imágenes mientras escuchas la música.
Deberíamos pensar las presentaciones del mismo modo. Deberíamos diseñarlas como piezas únicas que combinen, con intención, las palabras que salen de tu boca con lo que aparece en la pantalla (ver el artículo de Giles sobre los ingredientes de una presentación). Deberíamos reducir el costo del cambio de foco para quien la observa, gestionando activamente su atención.
Si, como es habitual en el ámbito académico, las diapositivas son solo notas del discurso, entonces el señor Dolan también tiene razón: ponerlas en pantalla seguramente no ayudará. Pero eso no se debe a una verdad cognitiva profunda, sino a la pereza del presentador.
Russell Davies - 20 de abril de 2017
Traducción al castellano por Julián Rodríguez Orihuela - Ver original