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Consejos para personas a las que no les gusta presentar
Las presentaciones en conferencias o en el trabajo son sólo una de las muchas formas de compartir información. Están lejos de ser la única, y quizá en el mundo tecnológico se les da demasiado peso.
Pero, si vas a hacer una, aquí tienes algunos consejos que he dado a lo largo de los últimos años. Ninguno parece lo suficientemente grande como para justificar una publicación por sí solo, pero la gente los encuentra útiles. Especialmente quienes se ponen nerviosos al presentar o saben, en el fondo, que sus presentaciones suelen ser aburridas.
(También he dado consejos muy malos, como “Ah, si no tenemos el video, tu presentación es una porquería, así que tenemos que hacerlo funcionar en los próximos minutos o tendrás que improvisar”. Lo siento, James. No fue mi mejor momento.)
En los días previos a la presentación
- La mayoría de oradores que son buenos se preocupan por su presentación con antelación; los peores no dudan ni un poco hasta que ya ha pasado. Así que si estás preocupado, vas bien. Te importa lo que vas a decir y no aburrir a tu audiencia. Eso es excelente.
- No ser carismático o extrovertido está bien. Es muy fácil para las organizaciones dar el micrófono a quienes adoran hablar. ¡Los que somos así también tenemos ideas y sentimientos! Pero, bueno... el mundo necesita escuchar un poco más a quienes no monopolizan el micrófono.
- Da TU charla. Si eres una persona tranquila y detallista, prepara una charla tranquila y detallista. Si alguien trabaja contigo en la presentación, está bien decir “eso no es lo que diría ni cómo lo diría”. (Gracias a Paul por recordármelo). No la versión institucional de ti, la que usa palabras vacías como “alineado” o “transformacional”. Esas palabras son para esconderse, no para mostrarse. Usa las palabras que usarías al hablar con personas que te agradan, sobre lo que piensas y por qué. Pon esas palabras en tus diapositivas. Hazlas tuyas.
- Sólo texto y colores agradables es mejor que diapositivas blancas con clip art. No todos son diseñadores ni tienen uno disponible, y no pasa nada. Pero el clip art no está bien. Es el David Brent del dibujo: vergonzante, equivocado y ya ni siquiera gracioso. No.
- Es más fácil hacer que las diapositivas se vean profesionales en Keynote que en cualquier otro software que haya usado. Pero compartirlas para revisión o comentarios es un fastidio, especialmente si la gente viaja mucho o tiene mala conexión. El control de versiones es un pantano de desesperación. Si necesitas compartir diapositivas con tu equipo, Google Slides es más sencillo. Aunque es una herramienta tosca. Arréglalo, Google. El panóptico me debe un software que realmente me sirva.
- Practica en voz alta y mide el tiempo. Lo encuentro más útil que las estimaciones de palabras por minuto que circulan por internet.
- Aspira a que tu charla sea entre un cinco a diez porciento más corta que el tiempo asignado. Nadie se ha quejado jamás de que una charla sea demasiado corta. Una de las mejores presentaciones que vi este año fue la de Oh OK Ltd en CRAFT (Manchester): breve, seguida de una conversación con la audiencia. Si el público quiere más, tendrás tiempo para preguntas. Si no, mejor: te libras del suplicio antes y no torturas a quienes no están interesados.
- Las diapositivas de posición, que muestran en qué parte de la presentación estás, ayudan tanto al público como a ti. Ellos saben cuánto falta, como una barra de progreso de YouTube. Tú ves algo familiar y recuperas el ritmo si lo perdiste o te quedaste sin energía.
- Evita usar notas del orador. Casi siempre algo falla con ellas. Leerlas en el portátil puede parecer que te escondes. Si necesitas más detalle del que queda bien en una diapositiva y temes olvidar algo importante, escribe tarjetas y sostenlas tú mismo. A la vieja escuela. El público lo notará, pero también verá a alguien que intenta expresarse bien. La mayoría no te juzgará por eso.
- Di la verdad al poder, pero sin suicidarte profesionalmente. Lo que aparece en una diapositiva puede ser fotografiado y compartido por cualquiera. Lo que digas, menos probable. Si vas a decir algo que podría enfadar a tu jefe (o a tus “stakeholders”) fuera de contexto, y no quieres morir en esa colina, dilo, pero no lo pongas en una diapositiva. Vive tu mejor vida sin dejar de pagar el alquiler.
La mañana de la presentación
- Decide qué vas a ponerte. (Si usas traje a diario, ya lo tienes resuelto. Para los demás: así es como te ganan. Usa su conocimiento en su contra.) Lleva algo cómodo, para no gastar energía preocupándote por tu cuerpo. Evita telas que marquen el sudor, se arruguen mucho (lino y seda no son tus amigos) o sean algo transparentes. A menos que sea parte de tu estilo, en cuyo caso adelante.
- Lo mismo con los zapatos. Pasé una etapa en Hong Kong hace unos diez años usando tacones en eventos de trabajo porque esos diez centímetros extra me hacían sentir poderosa. Ahora prefiero zapatos planos. Poder moverme libremente es mucho más “yo” y mucho menos doloroso. Además, me preocupo menos de dar tropiezos.
Consejos para el día de la presentación
- Come un poco de chocolate o un caramelo antes, pero evita café o té. La energía es buena; los temblores, no. Si piensas en tomar alcohol para calmarte, recuerda a esa persona en el bar que cree ser más graciosa de lo que es. NO SEAS ESA PERSONA. (Bebe después.)
- Lleva una botella de agua, no sólo por si se te seca la garganta, sino porque te da algo que hacer con las manos. El frío ayuda a olvidar que te están sudando las manos, y puedes tomar un sorbo si necesitas una pausa.
- Sí, deberías llevar tu propio portátil. Pero a veces no puedes exigirlo, especialmente si eres junior o tímido. En ese caso, exporta tus diapositivas a PDF o JPEG, porque muchos lugares tienen wifi deficiente o no usan Keynote. Ojo: a veces la exportación altera el formato o los GIF. Revísalo, o lamentarás tus horas de diseño perdidas.
- El consejo de Russell sobre empezar todas las charlas de la misma manera es muy útil. Algunas personas incluso ponen una canción al entrar para aliviar el pánico inicial.
- Si no tienes tiempo para practicar todo, escóndete en el baño (o da una vuelta rápida) y repasa tu introducción. “Ho-la, soy Ella, y en una descarada búsqueda de más seguidores, mi usuario de Twitter es @fitzsimple. Ayudo a equipos a entender lo que hacen a través de cómo hablan de ello, y tengo un acento raro. Hoy voy a hablar de estas cuatro cosas…” Te ayudará a que tu voz no te suene extraña en el escenario.
- Si estás nervioso pero no quieres quedarte detrás del atril, apoya una mano sobre él al empezar. Suena tonto, pero calma. Te asienta. La “pose de poder”, con los pies muy separados, siempre me pareció rara, aunque a algunos les ayuda (uno de ellos es George Osborne).
- Si das la charla en un entorno donde conoces a varias personas, pídele a alguien de confianza que sea tu punto de apoyo. Dile que lo mirarás cuando estés nervioso. Tal vez pídele que sonría y asienta. Saber que hay alguien que quiere que te vaya bien ayuda muchísimo. (Nota: a menudo esa persona soy yo, sonriendo y asintiendo con entusiasmo.)
- Termina con un resumen, un agradecimiento y una invitación a hacer preguntas. Fácil.
- Si te pone nervioso responder preguntas en público, ofrece hablar luego o por escrito. Esas conversaciones suelen ser más útiles y menos egocéntricas.
- También puedes pedir que escriban las preguntas. Live from the NYPL lo ha hecho antes, y es excelente: no siempre son las mismas personas las que preguntan. (Recuerda pedir que escriban claro). Esto no solo ayuda a oradores nerviosos: también salva a la audiencia del momento en que alguien levanta la mano y dice “Esto no es una pregunta, es más un comentario…” (GEMIDO COLECTIVO). Primera regla de la adultez: a nadie le importa. Ayúdales a aprenderlo.
- NOTA AL MARGEN: si estás en una posición de poder, SIEMPRE acepta preguntas después de tu presentación. Incluso puedes probar con un formulario de feedback (anónimo, quizá). Te humaniza y muestra respeto hacia tu equipo.
Dato vital para recordar cuando hayas terminado
- Nadie se ve tan mal como en las fotos tomadas durante una presentación. Las buenas fotos las hacen profesionales, que toman cientos para conseguir UNA en la que alguien no parezca peor que un político que perdió las elecciones comiendo un sándwich. Luego las elegimos personas como yo, que las usamos para que los oradores y sus organizaciones se vean bien. No hay nada “natural” en eso. Así que: no te ves así. No entres en pánico ni dejes que eso te impida volver a dar una charla.
- No hay nada más interesante que escuchar a alguien hablar de algo que realmente conoce y le importa. Si empiezas por ahí, es difícil que salga mal. Suena un poco hippie, lo sé, pero es verdad.
Ella Fitzsimmons - 6 Sept 2017
Traducción al castellano por Julián Rodríguez Orihuela - Ver original